miércoles, 2 de mayo de 2012

0,25

¿De verdad te crees que nuestros sentidos y nuestros juicios no nos engañan? Pues esto va para ti, estoy seguro de que al final de este vídeo te habrás convencido de lo contrario:


Los magos son los mejores especialistas en engañar nuestros sentidos y nuestros juicios... ¡completamente!

martes, 1 de mayo de 2012

En la variedad está el gusto

Mis amigos siempre me han considerado un tanto rarillo en cuanto a mis gustos musicales, y es que no soy como la mayoría de la gente.
Estoy seguro que cualquiera de vosotros me sabría decir que tipo de música le gusta escuchar. Pues bien, yo no sabría hacerlo.

Por eso he decidido hacer esta entrada, para que no nos centremos únicamente en un tipo de música, y sepamos disfrutar de todos los géneros. No sabes si algo te gusta o no te gusta hasta que no lo pruebas. Y para mí, desde luego, lo mejor es una mezcla de todo:




El tópico olvidado



Ahora que estamos en clase de Lengua comentando las “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique, en la que aparecen numerosos tópicos literario (“ubi sunt”, “tempus fugit”, “homo viator”, etc), me he pasado unos días dándole vueltas a cuál es el tópico que más se me olvida. Por lo tanto, esto es más una reflexión personal que algo que se pueda generalizar para todos.

He llegado a la conclusión de que nunca actuamos de acuerdo a la frase: “No valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos”. Cuando uno es feliz, pocas veces lo valora, sin embargo, cuando esta felicidad se pierde, se añora y se valora más que cuando se tenía.

Esto lo intenté aplicar a todo lo que tengo en mi vida, y realmente es verdad, no aprendemos a valorar las cosas hasta que las perdemos. La familia, los amigos, las personas que nos ayudan, las cosas materiales… Todo lo vemos como algo normal, hasta que lo perdemos.
¿Será por esto que Manrique no escribió las coplas a su padre hasta que lo perdió?

“Sin haber conocido la miseria es imposible valorar el lujo” Charles Chaplin

Nacho I.

jueves, 26 de abril de 2012

¿Onicofagia?

Sí, estoy seguro de que todo el mundo que está leyendo esto conoce al menos a una persona que la padece, aunque sea levemente. Es una enfermedad, en teoría psicológica, y la he padecido mientras pensaba en qué escribir, como no se me ocurría nada, he decidido hablar sobre mi vicio favorito. ¿Ya lo adivináis? Es el hábito de comerse las uñas.


No es nada agradable, desde luego, ni da una buena imagen ver a un joven de diecisiete años comiéndose las uñas. ¿Pero qué va a pasar cuando llegue a la universidad? ¿Y al empezar a trabajar?

No se de dónde proviene que tantas personas lo padezcamos, por eso apremio a todos los que conozcáis a hermanos pequeños que se coman las uñas a obligarles a dejarlo, aunque haya que recurrir a la fuerza. Yo lo habría agradecido en mi lugar, y os aseguro que es más difícil dejarlo cuando eres más mayor.

Nacho I.

El bofetón

Hoy he vivido una experiencia un tanto peculiar en el colegio, y es que le he pegado una bofetada a un compañero. Y no sólo eso, sino que ha sido en público y con la incitación de toda la clase.

El motivo: haber dicho que daba una bofetada a alguien a cambio de una bolsa de chuches. La mayoría de gente pensamos: “Buah, yo lo haría, y luego si eso le doy la bolsa de chuches al de la bofetada…”. Sin embargo, cuando le has dado la bofetada te das cuenta de lo poco que lo has pensado. Y si no me creéis, probadlo vosotros mismos.


Os sonará raro, pero hay cosas que se hacen rápido y sin pensar, sobre todo cuando te ves arrastrado por la mayoría. O cuando dices hacer una cosa que harías y luego, cuando te ves en la situación, no te atreves a hacerlo. Yo lo he hecho, pero más por cumplir lo que dije que por conseguir algo.

He aprendido que primero se dice hacer mucho, pero cuando se hace realidad es difícil cumplirlo.

Mis disculpas al gran M.


"Es más fácil decir lo que piensas que pensar lo que dices"

Nacho I.

martes, 24 de abril de 2012

Un homenaje a quien te facilita el día a día

Hoy seguramente ha sonado tu despertador a la hora prevista y te has levantado, has bajado a desayunar y te has hecho una tostada con Nocilla. Posteriormente te has duchado con agua caliente y te has afeitado, además de cepillarte los dientes con el cepillo eléctrico que te regalaron hace poco.

Habrás esperado al autobús que te lleva al colegio, en donde has escuchado tu música favorita en el ipod. Por supuesto, no se te ha olvidado apagar la Blackberry antes de entrar en el colegio. A primera hora te toca dar una clase, y utilizas el Smart Board (pizarra electrónica) para mostrar unas cuantas diapositivas.

Al volver a casa después de un día intenso enciendes tu Mac y te dispones a escribir tu próxima entrada para el blog de filosofía. Sin embargo, te ves seducido por el poder de internet y te pasas un ratillo mirando Tuenti y Marca.

A las nueve toca descansar un poco y enciendes la televisión para ver las noticias de Antena 3. Después hay una buena cena calentita y luego te ves otra vez un poco la tele.
Al fin toca apagar luces, y a la cama.

Menuda entrada más original, es cualquier día normal… habréis pensado muchos.


Pero... ¿todo lo que habéis hecho gracias a quién ha sido? Sin los inventos e investigaciones sobre electricidad de Volta, Faraday, Coulomb y Ampère nada de lo que habrías hecho hoy sería posible, y sin embargo, dudo que hayamos pensado alguna vez en lo que han hecho por nosotros.

“La sonrisa cuesta menos que la electricidad... y da más luz”

Nacho I.

lunes, 16 de abril de 2012

Compartir... ¿Es vivir?

No sé lo que nos hace a los seres humanos vivir en el egoísmo puro y duro de la actualidad. Y es que mucho decir... pero luego nos cuesta, y mucho, compartir las cosas con los demás.


O peor aún, lo que ya nos cuesta de por sí es meternos en la piel de los demás. ¿Qué es lo que nos hace pensar sólo en nosotros mismos? ¿Realmente vamos a ser felices viendo sufrir a los de alrededor?


Esto no es una llamada a meternos todos a misioneras de la caridad, es una reflexión en 100 palabras a mirar a nuestro entorno, y preguntarnos qué hacemos por los que nos rodean y cuánto nos miramos al ombligo.

"Solamente una vida dedicada a los demás merece ser vivida" - Albert Einstein

Nacho I.