No es nada agradable, desde luego, ni da una buena imagen
ver a un joven de diecisiete años comiéndose las uñas. ¿Pero qué va a pasar
cuando llegue a la universidad? ¿Y al empezar a trabajar?
No se de dónde proviene que tantas personas lo padezcamos,
por eso apremio a todos los que conozcáis a hermanos pequeños que se coman las
uñas a obligarles a dejarlo, aunque haya que recurrir a la fuerza. Yo lo habría
agradecido en mi lugar, y os aseguro que es más difícil dejarlo cuando eres más
mayor.
Nacho I.

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